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Aunque sea un lugar de excavaciones arqueológicas, en su día Madinat At-Zahra rivalizó con la mismísima Damasco.

Medina Azahara

Historia y mística en un mismo yacimiento

Madinat At-Zahra o en su versión castellanizada, Medina Azahara, fue una ciudad palaciega situada a ocho kilómetros de Córdoba.

Tuvo la función fue albergar a la corte del primer califa de Córdoba, Abderramán III y sus sucesores entre los años 936 y 1013 aproximadamente.

Se cuentan muchas leyendas sobre ella. Una narrada por el poeta Ibn Arabí se refiere a su fundación, cuando Abderramán III se enamoró de una esclava llamada Al-Zahra y ordenó construir esta ciudad para ella. Toda una historia de amor, ¿No les parece?

Pero al margen de las historias sobre oro, copas de cristal, agua corriente, intelectuales y los almendros en flor que daban a ese punto de la Sierra Morena cierto aire de manto nevado, el yacimiento impresiona no solo por lo que ya ha salido a la luz, sino por lo que aún queda por excavar.

Un diseño con innovaciones

Símbolo del esplendor del califato de los Omeyas y financiada con un tesoro que permitió traer materiales de todo el mundo, la ciudad estaba dividida en tres terrazas:

Las superiores para el califa (su Alcázar con el famoso Salón Rico de visita obligada) y las élites más altas.

La inferior era una ciudad donde residían todo tipo de personas con cierto renombre y parte del personal doméstico, contando con la mezquita Aljama, baños, jardines y, en general, todo lo necesario para una vida acomodada en el siglo X. Sin embargo, no olvidemos que la inseguridad del mundo medieval exigía una muralla fortificada y una guarnición.

Algo concreto que merece la pena destacarse es la existencia del Jardín Alto. Este estaba dividido en cuatro partes y, a parte de su función embellecedora, contaba con una serie de canales que transportaban el agua de la Sierra Morena a través de la ciudad. De ese modo, puede decirse que los habitantes no padecían la sed que aquejaba a otros estamentos.

Un final trágico y un presente brillante

Tanta belleza y esplendor salvó a la corte de muchas penurias, mas no pudo librarla de la desgracia final.

Con apenas ocho décadas, entorno al año 1010 se desató una guerra civil entre musulmanes que finalizó con el saqueo de Medina Azahara a manos de los bereberes del norte de África.

La ciudad quedó en el olvido y sus piedras se utilizaron como cantera hasta que los arqueólogos comenzaron a interesarse por su historia en el siglo XIX e iniciaron las excavaciones en 1911.

Medina Azahara es Patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 2018 y ello le aporta el estatus que merece como lugar de realeza, leyenda e historia de nuestro pasado.

Desde aquí les rogamos que no se lo pierdan y que, si es de su agrado, aprovechen para reservar en nuestro restaurante, Patio Romano, antes o después de la visita. Desde aquí les aseguramos que en Córdoba, hasta la gastronomía merece ser patrimonio de la humanidad.